La Maldad del Apostol Pedro

Ministración de la Palabra:

Bendecidos. (Continuan los aplausos) ¡ABBA PADRE! Muchas gracias, pueden sentarse. Muchas gracias. ¡Qué lindo!

Qué bueno poder estar con ustedes en esta noche. Venir a la Sede es llegar a casa. El domingo estuvimos aquí y fue una fiesta linda, maravillosa; pero los miércoles es como otra gloria. Digo, los domingos es otra gloria, porque la predicación de los domingos, si usted nota no es lo mismo a la predicación de los miércoles. Pero, estar aquí en la Sede, estar en casa con los hermanos de la fe, con la familia es bien especial, es bien especial.

Las cámaras del Internet llevan la imagen y llevan el sentir, llevan el calqueo; pero el amor y la coinonía, y el disfrute entre la familia siempre es bueno estar presente. Y yo considero un privilegio estar con ustedes en esta noche. El domingo fue un fistón, y hoy va a ser otra fiesta también. ¿Cuántos están reinando, entonces?

Bueno, pues yo quiero saludar desde estos micrófonos de la Sede Central a todos los obispos que nos están viendo en esta hora, los que aman esta palabra de gracia y que están sometidos incondicionalmente. Diga: INCONDICIONALMENTE. Porque algunos están sometidos condicionalmente, pero entonces no es sometidos. Sometidos es incondicionalmente.

Como dijo Pablo de Priscila y Aquilas, una pareja, un matrimonio; le dijo, estos dos, Priscila y Aquilas, expusieron sus vidas por mí. Eso sí que está fuerte. En otra versión dice: Expusieron sus cabezas por el Apóstol. ¿Por qué? ¿Será que el Apóstol es criticado? ¿Será que el Apóstol es difamado? ¿Será que el Apóstol es mal entendido? Y entonces, los que están sometidos a él sufren el fuego. Pero ellos dos no se avergonzaron del Apóstol. Diga: YO NO ME AVERGÜENZO DEL APÓSTOL.

Así es que la cobertura trabaja aquí. Tú puedes estar aquí sentado ahí, y oír la palabra, pero si en tu espíritu, en tu mente hay duda, la palabra no halla cabida. Tú la oyes: -Oye, qué lindo-, pero como está mezclada no con fe, está mezclada con duda, está mezclada con sospecha, entonces ahí la palabra no da fruto. ¿Te acuerdas la parábola cuando la semilla cayó en buen terreno, en terreno pedregozo? Pues así, el terreno son las personas.

Y a veces suceden cosas en tu vida, situaciones, experiencias que te hacen modificar tu forma de creer. Y entonces, por eso tú dices: -Oye, ¿qué es lo que me está pasando que como que yo piso y no arranco? Yo llego a este ministerio y yo no sé que…- Pero es que la cobertura trabaja en conexión con lo que está en tu mente y en tu boca. Dice: De la abundancia del corazón… Cerca de ti, tócate aquí, diga: ESTE SOY YO. Cerca de ti está la palabra.

Mira cuán cerca está, mira. Este eres tú, tú no eres este caparazón, tú eres esto. Pues mira, cerca de ti está la palabra, de la abundancia del corazón habla la boca; pero si tú lo confiesas sin la abundancia estar en tu corazón, sin tu creerlo, el ángel dice: No va. No va. No puede haber servicio. No puede haber aprobación angelical, porque lo que tú estás confesando va con una confesión de… -Lo confieso, pero estoy aquí en temor-.

Por eso es que hay obispos donde esta palabra les funciona más que a otros, digo, hay tiempo. No se desespere porque el crecimiento en un país es diferente. No nos podemos comparar. Los obispos para cosechar, primero hay que trabajar. No se desespere si su país no va a la par de otro país. No se compare. Diga: YO NO ME COMPARO. No se compare con el hermano, que por qué prosperó primero que yo. No, usted póngase en línea con la palabra, confiese, crea la palabra, sométase y espere las obras de antemano. Y eso aplica para los pastores también.

Así que, reciban un saludo de nuestro Padre, de nuestro Apóstol. (Aplausos)

Hemos venido hablando acerca de Roma y nuestras enseñanzas son enseñanzas doctrinales de vivencia, y por causa del fluir de las personas que vienen a este ministerio, constantemente tenemos que repetir cosas. Pero cuando las repetimos vienen en otra gloria, porque esta palabra no es filosofía humana. Lo que aquí se habla es palabra del Espíritu. Del Espíritu significa que no se circunscribe para un momento. El mismo verso que tú usas para una ministración en un momento, dos meses después te sirve para otra ministración porque va tomando otro filo. Por eso nosotros vamos de gloria en gloria.

Y en esta ocasión, yo quiero que usted me acompañe al libro del apóstol Pablo a los Gálatas capítulo 5, verso 1 en adelante. Cuando lo tenga diga: ABBA PADRE. Dice: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.”

Cuando Pablo hace esta advertencia es porque esta iglesia de los gálatas la levantó Pablo, la comenzó Pablo pero en uno de sus viajes estando ausente, la circuncisión, los apóstoles entraron y redujeron a la iglesia a esclavitud. Por eso, usted necesita una cobertura que lo mantenga de no retroceder. Usted puede decir: -No, yo conozco la gracia-. Sí, conoces la gracia pero tú no tienes la abilidad por ti mismo de mantenerte en la sana doctrina. Yo tampoco. Yo como pastor, yo no tengo la abilidad por más revelación que yo tenga. Si yo no estoy bajo la cobertura apostólica, la carne que yo tengo contiene herejía, y ella me va a llevar poco a poco, sin yo darme cuenta, poco a poco hasta que yo voy retrocediendo de esa libertad gloriosa y vuelvo a esclavitud.

Entonces, Pablo dice: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez…” Diga: OTRA VEZ. ¿Por qué dice: Otra vez? Porque de ahí te sacó el Señor. De la esclavitud te sacó nuestro Apóstol, a través de esta palabra, y tú no puedes volver otra vez allá. Entonces, tú necesitas estar firme. Diga: YO ESTOY FIRME.

Entonces, mira el verso 2: “He aquí, yo Pablo, Pablo identifica su nombre, para hablar con autoridad, os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo.” Parece que una persona que se convierte a Cristo no es suficiente, porque esta iglesia estaba convertida a Jesucristo, el resucitado. Pero al buscar justificación a través de ritos y ceremonias, y a través de la circuncisión, aunque están convertidos a Cristo y Cristo está en su espíritu, Cristo no les aprovecha de nada.

Es como, decíamos hoy en la radio, es como si tú estás en tu vehículo y tú tienes una batería y la tienes nuevecita, de paquete, con 5 años de garantía, una batería de esas “Cadillac”, de esas que hacen por ahí, buenísimas, y un carro, mire, de último modelo; pero si lo cables no están conectados, aunque tengas el vehículo y la batería, si no están conectados, no te aprovecha de nada.

Entonces, Pablo dice, y es donde nuestro Apóstol está edificando hoy, que si tú te circuncidas, si tú le añades a Cristo circuncisión, si tú le añades ayunos, porque Pablo dice circuncisión, pero circuncisión representa un ministerio de obras, representa una gama de ritos, ceremonias, abluciones, ordenanzas, doctrinas de hombres. Si tú le añades a Cristo algo que no tiene que ver con fe, que está en la Biblia, pero está en el antiguo pacto, si tú le añades a Cristo, aunque tengas a Cristo, Cristo no te aprovecha de nada. Es como si fuera un cero a la izquierda. –Yo tengo a Cristo-, pero es como si no lo tuvieras.

Ese es el peligro de tú vivir por obras. Esto no es juego, iglesia. O sea, el énfasis que nuestro Apóstol hace siempre a vivir por fe, dejando las obras de la ley, vivir por fe, ese énfasis, esa amonestación que él hace día tras día, semana tras semana: -Hermanos, manténganse firmes en la gracia-, como lo hacía Pablo, no es por un mero capricho de irnos en contra del sistema. No. Es porque sino, Cristo no te aprovecha de nada.

Eso si es triste, estar en una congregación 30 años… -¿Cuánto tiempo tú llevas? –No, yo llevo 30 años de cristiano. –So, what! (¡Y, qué!) Cristo no te aprovechó. ¡HELLO!

Bueno, yo estuve 25 años en la iglesia adventista. ¿Y qué me hizo eso a mí? Nada. Estaba patinando. Es más, yo iba retrocediendo cada vez más. Porque si tú no le das el valor a Jesucristo, entonces le vas a añadir cosas. –Bueno, déjame ayudarle-. Y al empezar a ayudarle, Jesucristo hace: -Ah, bueno, pues hazlo tú-. Y tú juras que es Cristo haciéndolo, y no es. Cristo está así, mira.

Yo estoy hablando a pastores en esta hora. Mire, nuestro temas en la radio, en la televisión, en el Internet; y yo quiero llamar tu claro entendimiento en esta hora.

Mira cómo dice el verso 3, “Y otra vez testifico…” Diga: Y OTRA VEZ. Es como una insistencia de Pablo. “Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, y ahí tú puedes poner, que se bautiza, que ayuna, que guarda el sábado, que si tú haces ésto, está obligado a guardar toda la ley.”

O sea, si tú dices: -Bueno, tengo a Cristo, pero entonces, le voy a añadir a Cristo una experiencia de ayuno. Le voy a añadir a Cristo una reprensión del diablo. Le voy a añadir a Cristo algún tipo de sanidad interior. Cuando Cristo no es suficiente para ti y tú le añades algo, tú estás obligado a guardar toda la ley. Porque si tú intentas cumplir un punto tienes que cumplirlo todo.

Ese es el problema de esto. ¿Tú quieres ayunar? Si tú ayunas tienes que tirarte con todo y tenis, o sea, tienes que olvidarte de Cristo y empezar mira, tú mismo. Porque Cristo no te va ayudar en nada. ¿Tú quieres bautismo? ¿Tú quieres impocisión de manos? ¿Tú quieres el velo? ¿Tú quieres las cuentas? ¿Tú quieres la velita? ¿Tú quieres los rosarios? ¿Tú quieres las cartas? ¿Tú quieres el horóscopo? ¿Tú quieres el polvito? Si tú le añades a Cristo algo visible, sea una estatua o algo, Cristo no te aprovecha de nada, número uno y estás obligado a vivir por la ley.

¿Y sabes cuál es el problema? Que si fallas en un puntito eres culpable de todo. Qué lío. Oye, qué inteligente es el Señor, verdad, que te la pone bien difícil. Chico, ¿cómo te vas a ir por el lado difícil? Tú sabes que estés llegando, mira, ya voy, -estoy llegando-, y en el último paso fallaste en algo. ¡Brrrrr! Tienes que empezar otra vez, porque eres culpable de…, todo.

Y mira el verso 4. Y Pablo como que aprieta más, dice: “De Cristo os…” No sólo que no te aprovecha, te desligaste. “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.”

Y esto no es que se pierde la salvación. ¡Ah!¡Ah! Tú sigues salvo, pero estás caído. Sigues salvo, tienes el carro y tienes la batería, pero estás desligado. Los cables están, mire…

¿Ustedes están viendo la seriedad de esto? –Obispo, es que yo a veces voy a la iglesia y me tomo la santa cena así para que no digan nada-. Respeta. Respeta a Jesucristo. Respeta. –No, no, yo a veces, tú sabes, cuando a veces la cosa se aprieta y no me funciona la gracia, recurro a mis ayunos en secreto. Yo tengo una manera de yo tratar en mi intimidad, o sea, yo me salgo un poquito de la gracia y recurro a lo místico-. ¡Cuidado! Cuidado con añadirle a Jesucristo.

Entonces, tienes que entender que hubo alguien que comenzó este desvío en esta congregación. Y fíjate dónde comienza el desvío y quién promulgó esto.

Gálatas capítulo 2, verso 7. Dice: “Antes por el contrario, como vieron que me había sido, dice Pablo, encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión.” ¿Qué se le encomendó a Pedro? El evangelio de la circuncisión.

Ahora, ¿qué predicaba el evangelio de la circuncisión? ¿Predicaba a Cristo? Sí. El evangelio de la circuncisión, ¿predicaba a Cristo? ¡HELLO! Repito. ¿Predicaba el evangelio de la circuncisión a Cristo? Claro. Pablo decía: Cristo es predicado, pero no les aprovecha. Porque aunque tú prediques a Cristo, si tú te justificas por las obras, ese Cristo que tú predicas no te aprovecha de nada. Los apóstoles predicaban a Cristo. –Miren, ese que ustede mataron, resucitó al tercer día y hoy vive-, como predican hoy por ahí. -¡Cristo viveeee! Yo sirvo a un Cristo vivo de poder-. Les hablan, predican de Cristo, pero ese Cristo que ellos predican no les aprovecha de nada porque lo acompañan con obras de la ley. Y ese era el problema de Pedro.

¿Qué es circuncisión? Circuncisión es un ministerio de ritos, de abluciones, de mandamientos, de no gustes, no toques, prohibiciones en cuanto a la carne. Si usted va a una congregación, llámese como se llame: “Ur de los caldeos”, “Ríos de Agua Viva”, “Monte de Sion”; como sea, yo no sé, póngale el nombre que sea. Hoy se inventan unos nombres de esos nombres bien raros. Si esa congregación predica a Cristo y le añade obras, aunque predique a Cristo, ahí hay otro evangelio. Y si hay otro evangelio, Cristo no aprovecha de nada, están desligados de Cristo.

Mire, usted no se puede dejar engañar por eso. Y son congregaciones grandes, y tienen unos templos tan lindos, y tienen un escenario moderno, y tienen una música de esas espectacular, son de esas “mega iglesias”, tú sabes. Tú sabes, que todo eso es sicodélico, moderno todo, y miles de personas. ¡Wow! Y el poder, y la gente sopla y se cae. –Qué tremendo. Cristo está ahí-. Cristo está, pero no les aprovecha de nada.

De qué vale que tú menciones: Jesucristo, tú eres nuestro Dios; y tú no respetas la sangre que él derramó, viviendo por las obras de la ley, tratando de agradar a Dios con tu carne, con este cuerpo de humillación que está viciado. Si Dios dejó directrices claras que ahora en este nuevo pacto se le sirve a Dios con la mente, teniendo el mismo espíritu de fe. (Aplausos)

Hay que respetar la sangre de Cristo. A mí no me interesa si tienen un millón de miembros, no me interesa si los asientos son de cristal, es más, no me interesa si te lleva un carrito a tu asiento. Si no respetan el evangelio viviendo por la fe, por el evangelio de la incircuncisión y abandonan las obras de la ley, aunque prediquen a Cristo, Cristo no les aprovecha de nada y es una mega-iglesia desligada de Cristo.

No importan tus títulos, tus doctorados, no me importa cuántas campañas tú das en el año. Si tú no respetas y honras el evangelio, el nuevo pacto, la gracia de Jesucristo que dice que concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley; tú no respetas a Cristo. Cristo no te aprovecha de nada. (Aplausos)

¡HELLO! Mire, usted tiene que tomar celo con esto. Si yo veo a alguien siempre, mire, que está en Creciendo en Gracia: -Sí, no, yo voy a veces. –Yo siembro a  veces. –No, no, yo estoy probando a ver cómo me funciona eso. ¡HELLO! Aquí tú no puedes estar de probadita. Los que están aquí, los que Dios trae aquí tienen que ser gente que dan su vida por la verdad del evangelio. Que han entendido, que sus ojos han sido alumbrados y saben que se le sirve a Dios con la mente por la fe y no por las obras de la ley, y respetan a Jesucristo. Respetan el espíritu de gracia que hay en la iglesia. Diga: YO RESPETO SU SANGRE. YO RESPETO SU EVANGELIO. Pedro no lo respetaba. Pedro predicaba otro evangelio.

Entonces, fíjate si Pablo entendía, mira el capítulo 1, verso 6. Mira la exhortación, la amonestación que Pablo hace a los gálatas; Gálatas 1:6. Dice: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.” ¿Qué habían hecho los gálatas? Habían seguido un evangelio…

Mira el verso 7. “No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo…” No pastor, yo tuve un sueño, se me presentó un ángel y me dijo: -El Apóstol José Luis es un falso apóstol-. ¡Je!¡Je!¡Je! ¡HELLO! –No pastor, fue que yo escuché un programa de televisión y me lo mostraron con la Biblia, que él es falso-.

Mira, oye, “Si aun un ángel del cielo os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.” Pablo podía hablar con autoridad: -Si lo que le enseñan por ahí, si se presenta un ángel del cielo diciendo que lo que yo les he enseñado no es así, sea anatema-.

Ahora, ¿tienes tú esa certeza? Si tú no tienes esa convicción, eventualmente el otro evangelio te va a ir alejando poco a poco. Es sigilosamente, tú no te das cuenta. Tú no te das cuenta. Y tú piensas: -No, si yo estoy en gracia-. Pero es que no estás en conclusiones.

Por eso es que mire, nosotros hacemos una advertencia. Esto de gracia no es un juego. Esto no es de un loco que se levantó en Ponce, Puerto Rico y que tuvo una visión por allá en un monte metido. No, este es el evangelio de Jesucristo. Esta es la verdad. Esto fue lo que los profetas hablaron. Esta es la sabiduría oculta, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció. Porque este evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. Diga: YO LO CREO. (Aplausos)

Mire, estos apóstoles tenían reputación. Así comienza el misterio de la iniquidad, predicando a Cristo, pero no respetando su evangelio. Así comienza el misterio de la iniquidad. Se predica a Cristo, pero Cristo no les aprovecha de nada.

Fíjate, Pedro no negó a Cristo. ¿Tú sabes que Pedro nunca negó que Cristo murió y resucitó? Él lo negó antes de la cruz, pero después que él resucitó, Pedro no negó a Cristo. Pedro lo que negó fue el evangelio de Cristo. Hay muchos por ahí que no niegan a Cristo. –Nooo, si yo sirvo a un Cristo de poder. Yo sirvo a un Cristo vivo-. Ellos no niegan a Cristo. Cristo es predicado, pero ellos niegan la eficacia de su gracia. Entonces, tienen apariencia de piedad, entones, cuando tú niegas la gracia, de qué te sirve Cristo a ti, de nada.

Entonces, cuál es la maldad, cuál es el veneno que trae ese evangelio de la circuncisión; que te lleva a tres cosas: Cristo no te aprovecha de nada, estás desligado de Cristo y número tres, estás caído de la gracia. ¡Qué resumé! Casi nada.

–Yo soy Reverendo Jefferson. Tengo qué sé yo cuántos doctorados en qué sé yo cuántas universidades. -¿Sí? Gran cosa. ¿Qué evangelio tú predicas? –El de los apóstoles-. Desligado. Cristo no te aprovecha de nada y estás caído de la gracia con todo y tu doctorado.

Mire, el celo con el que yo te hablo no es mío. Mi celo, el celo con que mi don ministra es el que viene del Apóstol, no es mío. En el momento, no lo recibo, pero te doy un ejemplo poniéndome a mí para no ponerte a ti. Pero, en el momento que mi don se deliga del Apóstol no me aprovecha de nada. No lo recibo. Te estoy poniendo un ejemplo.

-No, pero usted es el Obispo-. Aunque sea el Obispo. Aunque sea el Obispo, porque es que, separa el brazo del cuerpo. Pon el brazo allí y vente tú para acá; y pon el brazo allí. Y dile al brazo: -Brazo, recoge ese vaso que está ahí y dame de beber. ¿Ah? Arráncate el pie y ponlo allá, y dile: -Camine para allá y tráigame el carro-, y el cuerpo acá. ¿Qué puede hacer una pierna sin cuerpo?

¿Y qué tú puedes hacer sin este evangelio? Pero, es que este evangelio te lo trae el Apóstol. –Si, no, pero yo me quedo con el evangelio y el Apóstol para allá-. Es que es lo mismo. Tú no puedes separar eso. Eso ya viene preparado de fábrica.

Mira, Tito 1:10. “Porque hay aún muchos contumace.” Tito 1:10. “Porque hay aún, poquitos, muchos contumaces, habladores de vanidades…” No estamos hablando aquí de gente astróloga, ni sicoterapeutas. No, estamos hablando de gente llamadas cristianas. “Habladores de vanidades, y engañadores, mayormente, específicamente, los de la circuncisión.”

¿Por qué los de la circuncisión engañan? Atiéndeme, iglesia. ¿Por qué los de la circuncisión engañan? Porque te predican a Cristo, pero se justifican por las obras de la ley. Y entonces, ese Cristo que predican no les aprovecha de nada. Por eso es que se convierten en engañadores. Por eso Pablo los llamó: Pervierten el evangelio de Cristo. Son perversos. Diga: SON. No, pero no lo diga: son. SON PERVERSOS.

Mira, ¿tú sabes por qué yo te pongo a hacer eso? Porque tú puedes decir: -Sí, lo recibo-. Pero, cuando te toca hablarlo: blrlblrblelll. Sí, porque ahí sentado cualquiera dice: Así es. Lo recibo. Pero en la calle, debajo del sol, cuando te vienen con un falso evangelio, ¿ah? ¿Cuando viene el programa de televisión que te embruja con todo ese asunto? ¿Ah? ¿Qué tú vas a hacer?

Mira, un día estaba yo en Ponce, Puerto Rico viendo un programa de televisión de la circuncisión y yo estaba, mira, así, me estaba embrujando. Ponte a ver eso para que tú veas. Y el Apóstol me vio y me dijo: -Carlos, ¿tú sabes que eso es falso? Y me sacudió. Pero, me lo dijo muy rudo. O sea, yo como que pensé: -Pero, ¿por qué tú lo dices tan duro, Apo? ¿Por qué tan fuerte? Estamos hablando de años atrás, pero me lo dijo.

Porque tú puedes pensar: -Es que hablan de Cristo, es que los cojos saltan, y los ciegos ven, y es que hay poder. Yo siento que se me paran los pelos. Mire, se te puede parar hasta la cabeza se te puede parar a ti, pero si no predican el evangelio que está escrito en 14 epístolas, el fundamento que puso Pablo y es donde nuestro Apóstol está edificando hoy, aunque sea un ángel del cielo, sea anatema. (Aplausos)

No me importa si los muertos resucitan. Es más, no me importa si te platifican una muela, porque el que no cree este evangelio Dios le envía un poder engañoso que hace milagros. ¡Hace milagros! ¿O, tú crees que eso es mentira, esos milagros que hacen allí? Eso es verdad, le estiran la pierna. Le estiran el pie, y tú: -Mira, me lo estiraron-. Eso es de verdad.

Mire, cuando usted ve a esa gente, eso es de verdad, eso ocurre de verdad y lo sanan. –Eh, estoy sano-. Eso es de verdad, pero es un ángel que sana pero te sana por fuera, no por dentro. Cuando te levantas de ahí, te vuelves a ese espíritu. Te vuelves adicto a los milagros, y empiezas a buscar milagros y no el evangelio. Y Dios no quiere eso para ti. Dios no quiere que tú busques milagros. Dios quiere que tú creas su evangelio, y cuando tú crees su evangelio, los milagros, es más, te levantas y te levantas sano.

Mire, tenemos mucha gente nueva en nuestro ministerio, no sólo aquí, en diferentes partes del mundo. No se deje engañar. La Maldad de Pedro, ese es el tema de hoy, La Maldad de Pedro. Pedro, con su evangelio, el evangelio de la circuncisión engañó a la iglesia, embrujó. Por eso Pablo dice: -Ven acá, ¿y qué les pasó a ustedes, si ustedes comenzaron bien? ¿Comenzaron por el espíritu y ahora van a terminar en la carne?

Diga: YO ESTOY FIRME. Pero, ¿tú sabes por qué tú estás firme, verdad? ¿Porque tú haces mollerito y tú haces ejercicio? ¿Por eso es que tú estás firme? ¿Ah? ¿Por qué es que estamos firmes? ¿Porque leemos al Bibia todos los días? ¿Ah? ¿Porque confesamos el pacto? ¿Ah? ¿Por qué es que estamos firmes? ¿Sin él estamos firmes? ¿Sin él reinamos? ¡Ojalá! Pero es imposible.

Iglesia, oiga bien. Un día no se oirá otro evangelio que no sea este. Yo no dije, yo no dije que se va a predicar en casi todos los lugares del mundo. Yo dije: Un día lo único que se escuchará sobre la faz de la tierra será este evangelio del Apóstol José Luis De Jesús, que está en las 14 epístolas del Apóstol Pablo. (Aplausos)

Y cuando eso llegue ya tú y yo estamos dentro del bote, reinando, completos, estamos ya disfrutando de los poderes del siglo venidero, estamos ya creciendo, estamos ya renovando nuestro entendimiento, estamos disfrutando ya de la herencia. Así que, si llegaste hace poco estás a tiempo para que quemes las barcas, quema las barcas y diga: -De aquí no me saca nadie. Me mantengo firme en el evangelio que he recibido.

Miami, el mundo, ¡muá! Los declaro: Bendecidos con toda bendición. (Aplausos)

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